del primer piso?”
“Sabes que nunca están cerrados. ¡Vete!”
El conde manifestó su intención de cenar a solas, y que nadie más que Alí lo atendiera. Habiendo cenado con su habitual tranquilidad y moderación, el conde, haciéndole una señal a Alí para que lo siguiera, salió por la puerta lateral y al llegar al Bosque de Boulogne se dirigió, aparentemente sin premeditación, hacia París y al caer la tarde se encontró frente a su casa en los Campos Elíseos.
Todo estaba a oscuras; una sola y débil luz ardía en la portería, a unos cuarenta pasos de distancia de la casa, tal como Baptistin había dicho.
Monte Cristo se apoyó en un