al que al mismo tiempo contemplaba. Debió de ser delirio; se imagina también que vio entrar un fantasma en su estancia e incluso oyó el ruido que hizo al tocar su vaso.
—Es singular —dijo el doctor—; no sabía que la señora de Saint-Méran fuera propensa a tales alucinaciones.
—Es la primera vez que la veo en este estado —dijo Valentine—; y esta mañana me asustó tanto que la creí loca; y mi padre, que ya sabe usted que es un hombre de carácter firme, parecía él mismo profundamente impresionado.
—Iremos a ver —dijo el médico—; lo que me cuenta parece muy extraños. El notario descendió entonces, y se le informó a Valentine que su abuela estaba sola.