—M —repitió Franz. El dedo del joven resbalaba sobre las palabras, pero a cada una de ellas Noirtier respondía con un signo negativo. Valentine escondió la cabeza entre las manos. Por fin, Franz llegó a la palabra mismo.
“¡Sí!”
—¡Usted! —exclamó Franz, con los cabellos de punta—; ¿usted, señor Noirtier... mató a mi padre?
—¡Sí! —respondió Noirtier, fijando una mirada majestuosa en el joven. Franz cayó sin fuerzas en una silla; Villefort abrió la puerta y huyó, porque se le había cruzado por la cabeza la idea de ahogar el poco aliento que le quedaba en el corazón a aquel anciano terrible.