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nydus/The Count of Monte CristoPublic
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Página 800 de 1978
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XLII. Monsieur Bertuccio

Monsieur Bertuccio

Mientras tanto el conde había llegado a su casa; le había tomado seis minutos recorrer la distancia, pero estos seis minutos fueron suficientes para inducir a veinte jóvenes que conocían el precio del carruaje que no habían podido comprar por sí mismos, a poner sus caballos al galope para ver al rico extranjero que podía permitirse el lujo de pagar 20 000 francos cada uno por sus caballos.

La casa que Alí había elegido, y que debía servir de residencia en la ciudad a Montecristo, estaba situada a mano derecha al subir por los Campos Elíseos. Un espeso grupo de árboles y arbustos se alzaba en el centro y ocultaba una parte de la fachada; alrededor de este bosquecillo, dos alamedas, como dos brazos, se extendían a derecha e izquierda, y formaban una vía para carruajes desde las puertas de hierro hasta un doble pórtico, en cuyos escalones se erguía un jarrón de porcelana lleno de flores. Esta casa, aislada del resto, tenía, además de la entrada principal, otra en la calle de Ponthieu. Aún antes de que el cochero hubiera llamado al conserje, las macizas cancelas giraron sobre sus goznes: habían visto llegar al conde y en París, como en todas partes, era servido con la rapidez del rayo. El cochero entró y recorrió el semicírculo sin disminuir la velocidad, y las puertas se cerraron antes de que las ruedas dejaran de sonar sobre la grava. El carruaje se detuvo en el lado izquierdo del pórtico; dos hombres se presentaron a la ventanilla del coche: el uno era Alí, quien, sonriendo con

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