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nydus/The Count of Monte CristoPublic
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Página 325 de 1978
Table of Contents

XXII. The Smugglers

Los contrabandistas

Dantès no llevaba un día a bordo cuando ya tenía una idea muy clara de los hombres con los que su suerte le había unido.

Sin haber pasado por la escuela del abate Faria, el digno patrón de La Jeune Amélie (nombre del jabeque genovés) chapurreo todas las lenguas que se hablan en las orillas de ese gran lago llamado mar Mediterráneo, desde el árabe hasta el provenzal; y esto, además de ahorrarle intérpretes, gentes siempre molestas y frecuentemente indiscretas, le facilitaba en gran manera las comunicación, tanto con los buques que encontraba en alta mar como con las pequeñas barcas que costeaban, o con esa gente sin nombre, sin patria y sin oficio que se ve siempre en los muelles de los puertos de mar, y que vive de medios ocultos y misteriosos que es preciso suponer un don directo de la Providencia, puesto que no tienen medios de existencia visibles.

Es justo suponer que Dantès iba a bordo de un contrabandista.

Al principio, el capitán había recibido a Dantès a bordo con cierto grado de desconfianza. Era muy conocido por los funcionarios de aduanas de la costa; y como entre aquellos dignos sujetos y él existía una perpetua batalla de ingenio, al principio había pensado que Dantès podía ser un emisario de esos industriosos guardianes de los derechos y deberes, quienes tal vez empleaban este ingenioso medio para conocer algunos de los secretos de su oficio. Pero la hábil manera en que Dantès había manejado el lugre lo había tranquilizado por completo; y luego, cuando vio la ligera pluma de humo

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