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nydus/The Count of Monte CristoPublic
Página 692 de 1978
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XXXVII. Las catacumbas de San Sebastián

muy caprichoso, y debo decirle que a veces al levantarme, o después de cenar, o en mitad de la noche, decido partir hacia algún punto en concreto, y allá que voy”.

El conde tocó el timbre y apareció un lacayo.

—Haga preparar el coche —dijo—, y quite las pistolas que están en las fundas. No hace falta que despierte al cochero; Alí conducirá.

En muy poco tiempo se oyó el ruido de unas ruedas, y el carruaje se detuvo en la puerta. El conde sacó su reloj.

—Las doce y media —dijo—. Podríamos salir a las cinco y llegar a tiempo, pero la demora puede hacer que su amigo pase una noche intranquila y,

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