muy caprichoso, y debo decirle que a veces al levantarme, o después de cenar, o en mitad de la noche, decido partir hacia algún punto en concreto, y allá que voy”.
El conde tocó el timbre y apareció un lacayo.
—Haga preparar el coche —dijo—, y quite las pistolas que están en las fundas. No hace falta que despierte al cochero; Alí conducirá.
En muy poco tiempo se oyó el ruido de unas ruedas, y el carruaje se detuvo en la puerta. El conde sacó su reloj.
—Las doce y media —dijo—. Podríamos salir a las cinco y llegar a tiempo, pero la demora puede hacer que su amigo pase una noche intranquila y,