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nydus/The Count of Monte CristoPublic
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Página 1564 de 1978
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LXXXI

La habitación del panadero jubilado

La tarde del día en que el conde de Morcerf había salido de la casa de Danglars sintiendo vergüenza y cólera por el rechazo de la alianza proyectada, el señor Andrea Cavalcanti, con el pelo rizado, el bigote perfectamente arreglado y unos guantes blancos que le sentaban de maravilla, había entrado en el patio de la casa del banquero, en la calle de la Chaussée d’Antin.

No llevaba más de diez minutos en el salón cuando apartó a Danglars hacia el hueco de un mirador y, tras un ingenioso preámbulo, le expuso todas sus zozobras y preocupaciones desde la marcha de su noble padre.

Reconocía la extremada amabilidad que la familia del banquero le había dispensado, en cuyo seno había sido recibido como un hijo y donde, además, sus más hondos afectos habían encontrado un objeto en el que centrarse: la señorita Danglars.

Danglars escuchó con la más profunda atención; hacía dos o tres días que esperaba esta declaración y, cuando por fin llegó, sus ojos brillaron tanto como se habían bajado al escuchar a Morcerf. No obstante, no accedió de inmediato a la petición del joven, sino que opuso algunas objeciones de

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