—¡Oh, que sea entonces directamente! —exclamó el joven.
—Sígueme, pues —dijo el abate, mientras volvía a entrar en el pasadizo subterráneo, en el que no tardó en desaparecer, seguido por Dantès.
—¡Oh, que sea entonces directamente! —exclamó el joven.
—Sígueme, pues —dijo el abate, mientras volvía a entrar en el pasadizo subterráneo, en el que no tardó en desaparecer, seguido por Dantès.