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nydus/The Count of Monte CristoPublic
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XL. The Breakfast

pescadores. Incluso tiene un nombre sacado del libro, ya que se hace llamar Simbad el Marino, y tiene una cueva llena de oro.

—¿Y has visto esta caverna, Morcerf? —pregundó Beauchamp.

—No, pero Franz sí; por el amor de Dios, ni una palabra de esto delante de él. Franz entró con los ojos vendados, y fue atendido por mudos y por mujeres al lado de las cuales Cleopatra parecería una puta pintarrajeada. Solo que no está muy seguro de lo de las mujeres, pues no entraron hasta después de que él hubiera tomado hachís, de modo que lo que tomó por mujeres bien pudo haber sido simplemente una hilera de estatuas.

Los dos jóvenes miraron a Morcerf como si quisieran decirle: «¿Estás loco o te estás burlando de nosotros?».

—Y yo también —dijo Morrel, meditabundo—, he oído algo parecido a eso de boca de un viejo marinero llamado Penelón.

—¡Ah —exclamó Albert—, es una gran suerte que el señor Morrel venga a ayudarme; estás fastidiado, ¿verdad, de que así dé una pista del laberinto?

—Mi querido Alberto —dijo Debray—, lo que nos cuentas es tan extraordinario.

—Ah, porque vuestros embajadores y vuestros cónsules no os hablan de ellos; no tienen tiempo. Están demasiado ocupados entrometiéndose en los asuntos de sus compatriotas que viajan.

“Ahora te enojas y atacas a nuestros pobres agentes. ¿Cómo quieres que te protejan? La Cámara reduce sus sueldos todos los días, de modo que ahora apenas les quedan. ¿Quieres ser embajador, Alberto? Te mandaré a Constantinopla”.

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