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nydus/Bleak HousePublic
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XLVI. ¡Detenedlo!

Pero él tiene su venganza. Hasta los vientos son sus mensajeros, y le sirven en estas horas de oscuridad.

No hay una sola gota de la sangre corrompida de Tom que no propague infección y contagio en alguna parte. Contaminará, esta misma noche, la selecta corriente (en la que los químicos, al analizarla, hallarían la auténtica nobleza) de una casa normanda, y su Gracia no podrá negarse a tan infame alianza.

No hay un solo átomo de la inmundicia de Tom, ni un centímetro cúbico de gas pestilente en el que vive, ni una obscenidad o degradación en torno a él, ni una ignorancia, ni una maldad, ni una brutalidad de su cosecha, que no obre su retribución a través de cada orden de la sociedad, hasta el más orgulloso de los orgullosos y el más alto de los altos.

En verdad, entre contaminar, saquear y estropear, Tom tiene su venganza.

Es una cuestión discutible si Tom-all-Alone’s es más feo de día o de noche; pero, basándose en el argumento de que cuanto más se ve de él, más escandaloso debe ser, y que ninguna parte que se deje a la imaginación va a resultar tan mala como la realidad, el día se lleva la palma.

El día empieza a asomar ahora; y, a decir verdad, tal vez le convendría más a la gloria nacional que el sol a veces se pusiera sobre los dominios británicos antes que alzarse jamás sobre una maravilla tan vil como Tom.

Un caballero moreno y tostado por el sol, al que cierta incapacidad para el sueño parece impulsar a deambular por el exterior en lugar de contar las horas sobre una almohada inquieta, se encamina hacia aquí en este momento de tranquilidad. Atraído por la curiosidad, a menudo se detiene y mira a su alrededor, arriba y abajo por los miserables callejones.

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