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nydus/Bleak HousePublic
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XXXIX. Abogado y Cliente

Encuentran la vieja habitación muy apagada y lúgubre, con las cenizas del fuego que ardía aquella noche memorable aún en la rejilla descolorida. Sienten una gran desgana por tocar cualquier objeto y primero le soplan el polvo con cuidado. Tampoco tienen deseos de prolongar su visita; empaquetan los pocos muebles con toda la rapidez posible y jamás hablan por encima de un susurro.

—Mira —dice Tony, retrocediendo—. ¡Ahí viene ese gato horrible!

Mr. Guppy se retira detrás de una silla.

«Small me habló de ella. Esa noche salió dando saltos, brincos y carreras de aquí para allá como un dragón, y se metió en el tejado, y anduvo por ahí arriba durante quince días, y luego vino a caer por la chimenea muy delgada. ¿Viste alguna vez semejante alimaña? Parece como si lo supiera todo sobre el asunto, ¿verdad? Casi parece como si fuera Krook. ¡Chist, chist! ¡Fuera de aquí, duendecillo!».

Lady Jane, en el umbral, con su rugido de tigre de oreja a oreja y su cola como una porra, no muestra intención de obedecer; pero tropezando el señor Tulkinghorn con ella, le escupe a las piernas herrumbrosas y, maldiciendo con ira, se va escaleras arriba con el lomo arqueado. Posiblemente para rondar los tejados de nuevo y regresar por la chimenea.

—Señor Guppy —dice el señor Tulkinghorn—, ¿podría cambiar una palabra con usted?

Mr. Guppy se dedica a descolgar de la pared la Galería de la Galaxia de la Belleza Británica y a depositar esas obras de arte en su vieja y vulgar caja de sombreros.

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