En una tarde así, si alguna vez, el Lord Gran Canciller debiera estar sentado aquí—como aquí está—con una gloria brumosa alrededor de la cabeza, suavemente cercado por paño y corturajes carmesíes, interpelado por un gran abogado de enormes patillas, voz diminua y un informe interminable, y dirigiendo exteriormente su contemplación hacia la linterna del tejado, donde no puede ver más que niebla.
En una tarde así, una veintena de miembros del foro del Alto Tribunal de la Cancillería debieran estar —como aquí lo están— nebulosamente enfrascados en una de las diez mil fases de una causa interminable, zancadilleándose mutuamente sobre precedentes resbaladizos, chapoteando hasta las rodillas en tecnicismos, estrellando sus cabezas protegidas de pelo de cabra y de caballo contra muros de palabras y aparentando equidad con rostros serios, tal como harían los actores.
En una tarde semejante, los distintos procuradores de la causa, de los cuales dos o tres la han heredado de sus padres, que hicieron fortuna con ella, deberían estar —¿acaso no lo están?— alineados, en un largo foso esteras cubierto (pero en vano buscaríais la verdad en el fondo del mismo) entre la mesa roja del secretario y las togas de seda, con minas, contrademandas, contestaciones, réplicas, interdictos, declaraciones juradas, cuestiones, remisiones a los jueces instructores, informes de los jueces instructores, montañas de costosos disparates, amontonados ante ellos.
Bien puede la corte estar sombría, con velas que se consumen aquí y allá; bien puede la niebla colgar en ella densamente, como si nunca fuera a disiparse; bien puede las vidrieras perder su color y no dejar entrar en el lugar la luz del día; ¡bien pueden los profanos de la calle, que atisban a través de los cristales de la puerta, verse disuadidos de entrar por su aspecto de búho y por el arrastre de voz, que resuena lánguidamente hasta el techo desde la estrado acolchado donde el Gran Canciller mira hacia la linterna que no tiene luz y donde todas las pelucas de los asistentes están atrapadas en un banco de niebla!