—Si no le he pedido con la mayor energía, oficial —continúa sir Leicester—, que ejerza su máxima habilidad en este atroz caso, deseo especialmente aprovechar la oportunidad presente para rectificar cualquier omisión en la que haya podido incurrir. Que ningún gasto sea un impedimento. Estoy preparado para sufragar todos los costes. No puede usted incurrir en ninguno, en pos del objetivo que ha emprendido, que yo vacile un solo momento en asumir.
Mr. Bucket devolvió la reverencia de Sir Leicester como respuesta a esta generosidad.
—Mi espíritu —añade sir Leicester con una generosa cordialidad— no ha recobrado su tono, como es fácil suponer, desde el reciente acontecimiento diabólico. No es probable que vuelva a recobrar su tono jamás. Pero esta noche está lleno de indignación tras sufrir la dura prueba de encomendar a la tumba los restos de un partidario fiel, entusiasta y devoto.
La voz de sir Leicester tiembla y sus cabellos grises se estremecen en su cabeza. Tiene lágrimas en los ojos; la mejor parte de su naturaleza se ha despertado.
—Declaro —dice—, declaro solemnemente que hasta que este crimen sea descubierto y, en el curso de la justicia, castigado, casi siento como si hubiera una mancha sobre mi nombre. Un caballero que ha dedicado una gran parte de su vida a mí, un caballero que ha dedicado el último día de su vida a mí, un caballero que se ha sentado constantemente a mi mesa y ha dormido bajo mi techo, sale de mi casa hacia la suya y es abatido a traición en el plazo de una hora desde su salida de mi casa. No puedo descartar que haya podido ser seguido desde mi casa, vigilado en mi casa, e incluso marcado en primer lugar debido a su relación con mi casa —lo cual pudo haber sugerido que poseía una mayor riqueza y era, en conjunto, de mayor importancia de lo que su modesto comportamiento habría indicado—.