El Mercurio en polvo no carece de compañía esta noche, pues mi Señora va a una gran cena y a tres o cuatro bailes.
Sir Leicester está inquieto allá abajo, en Chesney Wold, sin mejor compañía que la gota; se queja a la señora Rouncewell de que la lluvia produce un repiqueteo tan monótono en la terraza que ni siquiera junto a la chimenea, en su acogedor vestidor, puede leer el periódico.
—Sir Leicester habría hecho mejor en probar por el otro lado de la casa, querida mía —dice la señora Rouncewell a Rosa—. Su vestidor está del lado de mi Lady. ¡Y en todos estos años nunca había oído el paso en el Paseo del Fantasma con tanta claridad como esta noche!