profundo significado y llama, mientras esparce la mantequilla en la hogaza con toda precaución contra el desperdicio y la corta en rebanadas: «Tú, Charley, ¿dónde estás?». Tímidamente obediente a la llamada, una niña pequeña con un delantal áspero y un sombrero grande, con las manos cubiertas de agua y jabón y un cepillo de fregar en una de ellas, aparece y hace una reverencia.
—¿En qué andas ahora? —dice Judy, lanzándole un mordisco ancestral como una vieja arpía muy afilada.
—Estoy limpian-do la habitación de atrás del piso de arriba, señorita —responde Charley.
“Procurad hacerlo a fondo, y no os demoréis. Las holgazanerías no van conmigo. ¡Abrid paso! ¡Andando!”, grita Judy dando un fuerte zapatazo en el suelo. “Vosotras las chicas dais la mitad más de trabajo del que valéis.”
Sobre esta severa matrona,