—Sir Leicester Dedlock, Baronet —responde el señor Bucket con mucha seriedad—, espero que al mismo tiempo me haga honor y resulte satisfactorio para todos. Cuando lo describo como un caso hermoso, vera usted, señorita —continúa el señor Bucket, mirando con gravedad a Sir Leicester—, me refiero desde mi punto de vista. Visto desde otros puntos de vista, esos casos siempre conllevan más o menos desagrados. Cosas muy extrañas llegan a nuestro conocimiento en las familias, señorita; ¡santo Dios, lo que a ustedes les parecerían fenómenos, vaya que sí!
Volumnia, con su inocente y pequeño grito, eso supone.
—Vaya, y aun en familias distinguidas, en altas familias, en grandes familias —dice el señor Bucket, volviendo a mirar con seriedad de soslayo a Sir Leicester—. He tenido el honor de estar empleado en altas familias antes, y no se hace usted idea... vamos, llegaré a decir que ni siquiera usted se hace idea, caballero —esto dirigido al primo debilitado—, ¡de los chanchullos que se traen entre manos!
El primo, que se ha estado tirando cojines del sofá a la cabeza, en una postración de aburrimiento bosteza: «Mu' proba'le», siendo la forma gastada de «muy probable».
Sir Leicester, considerando que es hora de despedir al oficial, interviene aquí con majestad con las palabras: «Muy bien. ¡Gracias!», y también con un ademán de la mano, que implica no solo que la conversación ha terminado, que sino que si las familias encumbradas caen en hábitos vulgares, deben atenerse a las consecuencias. «No olvidará usted, oficial —añade con condescendencia—, que estoy a su disposición cuando guste».
Mr. Bucket (aún serio) pregunta si mañana por la mañana, ahora mismo, iría bien, en caso de estar tan adelantado como espera estarlo. Sir Leicester responde: «Todos los momentos son iguales para mí». Mr. Bucket hace sus tres reverencias y se retira cuando se le presenta un detalle olvidado.