feliz y estaba agradecida, y con su aprobación había escrito dicha carta. Había recibido una respuesta formal acusando recibo y diciendo: «Tomamos nota de su contenido, el cual será debidamente comunicado a nuestro cliente». Después de aquello, a veces oía a la señorita Donny y a su hermana mencionar cuán puntualmente se pagaban mis cuentas, y unas dos veces al año me atrevía a escribir una carta similar. Siempre recibía por vuelta de correo exactamente la misma respuesta con la misma caligrafía redonda, y la firma de Kenge y Carboy con otra letra, que suponía que era la de Mr. Kenge.
¡Me parece tan curioso verme obligada a escribir todo esto sobre mí misma!
¡Como si esta narración fuera la narración de mi vida! Pero mi pequeño cuerpo pronto pasará a un segundo plano.
Seis años tranquilos (descubro que lo digo por segunda vez) había pasado en Greenleaf, viendo en quienes me rodeaban, como si fuera en un espejo, cada etapa de mi propio crecimiento y cambio allí, cuando, una mañana de noviembre, recibí esta carta. Omito la fecha.
Señora: Jarndyce y Jarndyce Nuestro clte el Sr. Jarndyce, yéndose a encotrar en la sitación de recibir en su casa, en virtud de una Orden del Tbl de Cancillería, a una Pupila del Tbl en esta causa, para la cual desea asegurar una compa apta, nos manda informarle de que se alegraría de contar con sus servs en la capa refda. Hemos dispsto lo nesario para que se la trespase, con franqueo pagdo, en el coche de las ocho de la mañana del próx. lunes desde Reading hasta el White Horse Cellar, Piccadilly, Londres, donde uno de nuestros ofics la estará aguardando