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nydus/Bleak HousePublic
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XLI. En la habitación de Mr. Tulkinghorn

—Cuando hablo de que sir Leicester es la única consideración, él y el crédito de la familia son una misma cosa. Sir Leicester y el título de baronet, sir Leicester y Chesney Wold, sir Leicester y sus antepasados y su patrimonio —el señor Tulkinghorn se muestra aquí muy seco—, no hace falta que se lo diga a usted, Lady Dedlock, son inseparables.

¡Sigue!

“Por lo tanto —dice el señor Tulkinghorn, prosiguiendo con su caso a su trotecito habitual—, tengo mucho que considerar. Esto debe silenciarse, si es posible. ¿Cómo va a serlo si a sir Leicester lo vuelven loco o lo postran en el lecho de muerte? Si le infligiera este impacto mañana por la mañana, ¿cómo podría explicarse el cambio repentino en él? ¿Qué podría haberlo causado? ¿Qué podría haberlos separado? Lady Dedlock, las pintadas en las paredes y los pregones callejeros empezarían de inmediato, y debe recordar que eso no la afectaría solo a usted (a quien no puedo tener en cuenta en absoluto en este asunto), sino a su marido, Lady Dedlock, a su marido”.

Se vuelve más llano a medida que avanza, pero ni un ápice más enfático o animado.

—Hay otro punto de vista —continúa—, bajo el cual se presenta el caso. Sir Leicester está consagrado a usted casi hasta el encandilamiento. Puede que no sea capaz de superar ese encandilamiento, aun sabiendo lo que sabemos. Estoy planteando un caso extremo, pero podría ser así. Si es así, sería mejor que él no supiera nada. Mejor para el sentido común, mejor para él, mejor para mí. Debo tener todo esto en cuenta, y todo ello se combina para hacer que una decisión sea muy difícil.

Ella se queda de pie contemplando las mismas estrellas sin decir una palabra. Empiezan a palidecer, y ella parece como si la frialdad de estas la hubiera congelado.

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