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nydus/Bleak HousePublic
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XXVII. Más de un veterano

“George”, dice el señor Bagnet. “Tú me conoces. Es mi vieja la que aconseja. Ella tiene la cabeza. Pero yo nunca se lo reconozco delante de ella. Hay que mantener la disciplina. Espera a que se quite las verduras de la cabeza. Entonces consultaremos. ¡Hagas lo que haga la vieja, hazlo—hazlo!”

—Eso pienso hacer, Mat —replica el otro—. Antes prefiero su opinión que la de un colegio universitario.

—Colegio —responde el señor Bagnet en frases cortas, de tono fagot—. ¿Qué colegio podrías dejar —en otro rincón del mundo— con nada más que una capa gris y un paraguas —para abrirte paso de vuelta a Europa? La vieja lo haría mañana. ¡Ya lo hizo una vez!

—Tiene usted razón —dice el señor George.

—¿Qué establecimiento —prosigue Bagnet— podrías montar en la vida con dos perras gorda de cal blanca, una perra chica de greda, media perra de arena y el resto del cambio de seis peniques en efectivo? Con eso es con lo que empezó la vieja. En el presente negocio.

“Me alegra muchísimo saber que prospera, Mat”.

—La vieja —dice el señor Bagnet, transigiendo—, ahorra. Tiene una media en alguna parte. Con dinero dentro. Nunca la he visto. Pero sé que la tiene. Espere a que se quite las berzas de la cabeza. Entonces le pondrá a flote.

—¡Es un tesoro! —exclama el señor George.

“Ella es más. Pero nunca se lo reconozco en su presencia. Hay que mantener la disciplina. Fue la vieja la que sacó a relucir mis aptitudes musicales. Ahora estaría en la artillería de no ser por la vieja. Seis años le di al violín. Diez a la flauta.

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