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nydus/Bleak HousePublic
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I. En la Cancillería

niebla cayendo lacia sobre las bordas de gánguiles y barcazas. Niebla en los ojos y las gargantas de los ancianos pensionistas de Greenwich, jadeando junto a las chimeneas de sus salas; niebla en el tallo y la cazoleta de la pipa vespertina del capitán colérico, allá abajo en su camarote sofocante; niebla pellizcando cruelmente los dedos de los pies y de las manos de su aterido y pequeño aprendiz en cubierta. Transeúntes en los puentes mirando por encima de los antepechos hacia un cielo inferior de niebla, con niebla a su alrededor, como si estuvieran en un globo aerostático suspendidos en las nubes brumosas.

Gas asomándose a través de la niebla en varios lugares de las calles, tal como el sol, desde los campos cenagosos, puede ser visto asomarse por el labrador y el zagal. La mayoría de las tiendas encendidas dos horas antes de su hora, tal como el gas parece saber, pues tiene un aspecto demacrado y reacio.

La tarde cruda es más cruda, y la densa niebla es más densa, y las calles embarradas son más embarradas cerca de aquel obstáculo anciano y de cabeza de plomo, adorno apropiado para el umbral de una corporación anciana y de cabeza de plomo: Temple Bar.

Y muy cerca de Temple Bar, en el Lincoln’s Inn Hall, en el corazón mismo de la niebla, se sienta el Lord Alto Canciller en su Alto Tribunal de la Cancillería.

Jamás podrá haber niebla demasiado espesa, jamás podrá haber lodo y cieno demasiado profundos, que estén a la altura de la condición de tanteo y chapoteo en que este Alto Tribunal de Cancillería, el más pestilente de los ancianos pecadores, se encuentra hoy ante los ojos del cielo y de la tierra.

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