inclinada hacia un lado—, ¡aquí me tienen, totalmente incapaz de valerme por mí mismo y enteramente en sus manos! Solo pido ser libre. Las pelas mariposas son libres. ¡La humanidad seguramente no le negará a Harold Skimpole lo que le concede a las mariposas!
—Querida señorita Summerson —dijo Richard en un susurro—, tengo diez libras que recibí del señor Kenge. Debo probar qué puedo hacer con ellas.
Poseía quince libras y pico, que había ahorrado de mi asignación trimestral durante varios años. Siempre había pensado que podría ocurrir algún incidente que me arrojara de repente, sin ningún pariente ni ninguna propiedad, al mundo, y siempre había intentado conservar un poco de dinero para no quedarme sin un céntimo. Le conté a Richard que tenía este pequeño fondo y que no lo necesitaba por el momento, y le pedí con delicadeza que le