la cual observación, que por su sonoridad parece ser un fragmento en verso, el señor Chadband avanza con pasos solemnes hacia la mesa y, antes de tomar asiento, levanta su mano amonestadora.
“Mis amigos —dice—, ¿qué es esto que ahora contemplamos extendido ante nosotros?
Refrigerio.
¿Necesitamos, pues, refrigerio, mis amigos? Lo necesitamos. ¿Y por qué necesitamos refrigerio, mis amigos? Porque no somos sino mortales, porque no somos sino pecadores, porque no somos sino de la tierra, porque no somos del aire.
- ¿Podemos volar, mis amigos?
- No podemos.
- ¿Por qué no podemos volar, mis amigos?”
Mr. Snagsby, confiado en el éxito de su última ocurrencia, se arriesga a observar en un tono alegre y bastante sabiondo: «Sin alas». Pero es inmediatamente fulminado con la mirada por la señora Snagsby.