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nydus/Bleak HousePublic
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XXXVII. Jarndyce y Jarndyce

Yo conocía muy bien a Mr. Grubble de vista, debido a que solía estar de pie en su puerta. Un hombre agradable, algo fornido y de mediana edad, al que nunca le parecía que iba vestido con comodidad junto a su propia chimenea sin su sombrero y sus botas altas, pero que nunca llevaba levita excepto en la iglesia.

Apagó la vela y, retrocediendo un poco para ver qué tal quedaba, salió de la habitación de espaldas, algo que no esperaba, pues iba a preguntarle quién lo había enviado.

Al abrirse entonces la puerta del salón de enfrente, oí unas voces que me parecieron familiares, las cuales se detuvieron. Un paso ligero y rápido se acercó a la habitación en la que me encontraba, ¡y quién iba a estar ante mí sino Richard!

—¡Mi querida Esther! —dijo—. ¡Mi mejor amiga! —Y era tan sincero y afectuoso que, ante la sorpresa y la alegría de su fraterno saludo, apenas pude encontrar aliento para decirle que Ada estaba bien.

—¡Respondiendo a mis propios pensamientos; siempre la misma querida muchacha! —dijo Richard, guiándome hacia una silla y sentándose a mi lado.

Me subí el velo, pero no del todo.

—¡Siempre la misma querida muchacha! —dijo Richard con la misma cordialidad que antes.

Me levanté el velo por completo y, poniendo la mano en la manga de Richard y mirándole a la cara, le dije cuánto le agradecía su amable acogida y cuánto me alegraba de verle, tanto más a causa de la determinación que había tomado durante mi enfermedad, la cual le comuniqué entonces.

—Mi amor —dijo Richard—, no hay nadie con quien tenga mayor deseo de hablar que contigo, pues quiero que me comprendas.

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