bebió su vino añejo esta noche. Él no está allí, pero sí sus dos candelabros de estilo antiguo, y la habitación está bastante iluminada.
Mr. Bucket, conservando aún su profesional asimiento de Jo y pareciéndole a Mr. Snagsby poseer un número ilimitado de ojos, se abre paso en esta habitación, cuando Jo se sobresalta y se detiene.
«¿Qué pasa?», dice Bucket en un susurro.
—¡Ahí está! —grita Jo.
“¡Quién!”
“¡La dama!”
Una figura femenina, estrechamente velada, se halla de pie en el medio de la habitación, donde la luz recae sobre ella. Está completamente quieta y silenciosa. La parte delantera de la figura está orientada hacia ellos, pero no toma nota de su entrada y permanece como una estatua.
—Ahora dime —dice Bucket en voz alta—, ¿cómo sabes que esa es la señora?
—Yo conozco el ballener, —responde Jo, mirando fijamente—, y el bonete, y la bata.
—Estate muy seguro de lo que dice, Tough —le replica Bucket, observándolo con detención—. Piénselo otra vez.
—Estoy mirando tan fuerte como puedo mirar —dice Jo con los ojos desorbitados—, y eso de ahí es el ballenao, el bonete y el refajo.
—¿Y qué hay de esos anillos de los que me hablaste? —pregunta Bucket.
—Centelleando por todas partes —dice Jo, frotándose los dedos de la mano izquierda contra los nudillos de la derecha sin quitar los ojos de la figura.