Ya es bastante oscuro, y las farolas de gas han alcanzado su máximo efecto. Chocando contra oficinistas que van a echar las cartas del día al correo, contra abogados y procuradores que vuelven a casa a cenar, contra demandantes y demandados y litigantes de toda especie, y contra la multitud en general, en cuyo camino la sabiduría forense de los siglos ha interpuesto un millón de obstáculos para la realización de los asuntos más corrientes de la vida; zambulléndose a través del derecho y de la equidad, y a través de ese misterio emparentado, el barro de las calles, hecho de nadie sabe qué y que se acumula en torno a nosotros nadie sabe de dónde ni cómo —sabiendo tan solo en general que, cuando hay demasiado, nos vemos en la necesidad de apartarlo con la pala—, el abogado y el copista llegan a una tienda de trapos y botellas y emporio general de mercancías muy
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X. El Escritor de Leyes
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