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nydus/Bleak HousePublic
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XXIII. El relato de Esther

de desayunos donde esta persona esperaba, descubrí que era la doncella francesa que se había quitado los zapatos y había caminado por la hierba mojada el día que tronó y relampagueó.

—Mademoiselle —empezó diciendo, mirándome fijamente con sus ojos demasiado ávidos, aunque por lo demás presentaba un aspecto agradable y no hablaba ni con osadía ni con servilismo—, me he tomado una gran libertad al venir aquí, pero usted sabe disculparla, siendo tan amable, mademoiselle.

—No es necesaria ninguna excusa —repliqué—, si desea hablar conmigo.

—Ese es mi deseo, mademoiselle. Mil gracias por el permiso. Tengo su venia para hablar. ¿No es así? —dijo de un modo rápido y natural.

—Ciertamente —dije.

—Mademoiselle, ¡usted es tan amable! Escuche entonces, si le place. He dejado a mi Señora. No podíamos entendernos. Mi Señora es

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