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nydus/Bleak HousePublic
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XXXV. El relato de Esther

—Si me hace el favor, señorita —dijo Charley, a quien miré con cierta sorpresa—, Jenny dice que, cuando murió su bebé, usted dejó allí un pañuelo, y que ella lo guardó y lo conservó junto con las cositas del bebé. Pienso que, si le parece bien, en parte porque era suyo, señorita, y en parte porque había cubierto al bebé.

—Diminuta —susurró la señorita Flite, haciendo una serie de ademanes alrededor de su propia frente para expresar la inteligencia en Charley—. ¡Pero extraordinariamente sagaz! ¡Y tan querida! ¡Cariño, es más clara que cualquier abogado que jamás haya escuchado!

—Sí, Charley —repliqué—. Me acuerdo. ¿Y bien?

—Bien, señorita —dijo Charley—, y ese es el pañuelo que se llevó la señora. Y a Jenny le gustaría que supiera que ella misma no se habría deshecho de él por un montón de dinero, pero que la señora se lo llevó y dejó algo de dinero a cambio. ¡A Jenny no le suena de nada, si me hace el favor, señorita!

—Pues, ¿quién ha de ser? —dije yo.

—Mi amor —sugería la señorita Flite, acercando sus labios a mi oído con su aire más misterioso—, en mi opinión —no le menciones esto a nuestra diminuta amiga—, ella es la esposa del Lord Canciller. Está casado, ya sabes. Y tengo entendido que le hace la vida imposible. ¡Le tira los papeles a su señoría al fuego, querida, si no le paga al joyero!

No pensé mucho en esta señora entonces, pues tenía la impresión de que podría ser Caddy. Además, mi atención se vio desviada por mi visitante, quien tenía frío después de su paseo y parecía hambrienta y quien, al traernos la cena, necesitó cierta ayuda para ataviarse con gran satisfacción

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