“Small nos dejó con una semana de aviso. Le dijo a Kenge que el negocio de su abuelo era demasiado para el viejo caballero y que podía mejorar su situación haciéndose cargo de él. Había habido cierta tirantez entre Small y yo debido a lo reservado que era. Pero dijo que tú y yo la habíamos empezado, y como me cogió ahí —porque así fue—, puse nuestra relación en los viejos términos. Así es como llegué a saber lo que se traen entre manos”.
“¿No te has asomado en absoluto?”
“Tony —dice el señor Guppy, un tanto desconcertado—, para hablarle sin reservas, la casa no me agrada demasiado, excepto en su compañía, y por eso no he venido; y por eso propuse esta pequeña cita para que viniéramos a llevarnos sus cosas.
¡Ya marca la hora el reloj! Tony —el señor Guppy se vuelve misteriosa y tierramente elocuente—, es necesario que legrabe a usted en la mente una vez más que circunstancias ajenas a mi control han introducido una alteración melancólica en mis planes más queridos y en aquella imagen no correspondida que anteriormente le mencioné a usted como amigo.
Esa imagen está hecha añicos, y ese ídolo yace por los suelos. Mi único deseo ahora en relación con los propósitos que tenía la idea de llevar a cabo en el tribunal con su ayuda como amigo es dejarlos en paz y sepultarlos en el olvido.
¿Cree usted posible, cree usted probable en absoluto (se lo planteo a usted, Tony, como amigo), a partir de su conocimiento de ese viejo caprichoso y taimado que fue presa del —elemento espontáneo, cree usted, Tony, probable en absoluto que, pensándolo mejor, guardara esas cartas en alguna parte después de que usted lo viera con vida, y que no fueran destruidas esa noche?”.
El señor Weevle reflexiona durante un rato. Niega con la cabeza. Definitivamente cree que no.