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nydus/Bleak HousePublic
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LVIII. Un día y una noche invernales

La penumbra aumenta; el brillante gas brota en las calles; y las pertinaces lámparas de aceite que aún resisten allí, con su fuente de vida medio congelada y medio descongelada, parpadean boqueantes como peces de fuego fuera del agua, tal como son. El mundo, que ha estado rodando sobre la paja y tirando del timbre «para informarse», empieza a irse a casa, empieza a vestirse, a cenar, a debatir sobre su querido amigo con las últimas novedades de la moda, como ya se ha mencionado.

Ahora empeora sir Leicester, inquieto, desasosegado y con grandes dolores.

A Volumnia, que enciende una vela (con una aptitud predestinada para hacer algo inconveniente), se le ordena que la apague de nuevo, pues todavía no está suficientemente oscuro.

Y sin embargo está muy oscuro también, tan oscuro como lo estará toda la noche.

Al rato vuelve a intentarlo. ¡No! Apágala. Aún no está suficientemente oscuro.

Su antigua ama de llaves es la primera en comprender que él se esfuerza por mantener ante sí mismo la ficción de que no se está haciendo tarde.

—Querido sir Leicester, mi honrado amo —susurra suavemente—, debo, por su propio bien y por mi deber, tomarme la libertad de suplicarle y rogarle que no se quede aquí, en la solitaria oscuridad, vigilando y esperando y arrastrando el tiempo.

Permítame correr las cortinas, encender las velas y hacer que las cosas a su alrrededor sean más cómodas.

Los relojes de la iglesia darán las horas exactamente igual, sir Leicester, y la noche pasará exactamente igual. Mi señora volverá, exactamente igual.

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