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nydus/Bleak HousePublic
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LXI

Di imprudentemente un asentimiento condicional a esto.

—¡Ah! Entonces ya ve —dijo el señor Skimpole, sacudidiendo la cabeza—, que no tengo la menor esperanza de entenderlo.

Sugerí, al levantarme para marcharme, que no era correcto traicionar la confianza de mi tutor a cambio de un soborno.

—Querida señorita Summerson —replicó con una hilaridad franca muy suya—, no me pueden sobornar.

—¿Tampoco del señor Bucket? —dije.

—No —dijo él—. Por nadie. No le atribuyo ningún valor al dinero. No me importa, no sé nada de él, no lo quiero, no lo guardo; se me va enseguida. ¿Cómo se me puede sobornar?

Manifesté que era de otra opinión, aunque no tenía la capacidad para debatir la cuestión.

—Por el contrario —dijo el señor Skimpole—, soy exactamente el hombre indicado para ocupar una posición superior en un caso así. Estoy por encima del resto de la humanidad en un caso así. Puedo actuar con filosofía en un caso así. No estoy deformado por los prejuicios, como un bebé italiano por las fajas. Soy libre como el aire. Me siento tan por encima de toda sospecha como la mujer de César.

¡Algo que igualara la ligereza de sus modales y la juguetona imparcialidad con la que parecía convencerse a sí mismo, mientras lanzaba el asunto de aquí para allá como a una bola de plumas, no se había visto jamás en nadie más!

“Observe el caso, mi querida señorita Summerson. Aquí hay un muchacho recibido en la casa y metido en la cama en un estado al que me opongo firmemente.

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