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nydus/Bleak HousePublic
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XIII. Narración de Esther

—¡Asombroso cómo se conservan! —dijo el señor Badger—. Se los regalaron a la señora de Bayham Badger cuando estaba en el Mediterráneo.

Él invitó al señor Jarndyce a tomar una copa de clarete.

—¡Ese clarete no! —dijo—. ¡Perdone! Es una ocasión especial, y en una ocasión así saco un clarete muy especial que casualmente tengo. (¡James, el vino del capitán Swosser!). Señor Jarndyce, este es un vino que fue importado por el capitán, no diremos hace cuántos años. Lo encontrará muy curioso. Querida mía, tendré el gusto de tomar un poco de este vino con usted. (¡El clarete del capitán Swosser para su señora, James!). ¡Vida mía, a su salud!

Después de cenar, cuando nos retiramos las señoras, nos llevamos con nosotras al primer y al segundo marido de la señora Badger. La señora Badger nos ofreció en el salón una semblanza biográfica de la vida y los servicios del capitán Swosser antes de su matrimonio, y un relato más detallado de él a partir del momento en que se enamoró de ella en un baile a bordo del Crippler, ofrecido a los oficiales de dicho buque cuando estaba fondeado en el puerto de Plymouth.

—¡La buena y vieja Crippler! —dijo la señora Badger, sacudiendo la cabeza—. Era una nave noble. Bien aparejada, en perfecto estado de revista, all a-taunto, como solía decir el capitán Swosser. Deben perdonarme si introduzco ocasionalmente alguna expresión náutica; en otro tiempo fui toda una marinera. El capitán Swosser amaba esa embarcación por mi causa. Cuando ya no estuvo en servicio, él decía con frecuencia que, de ser lo suficientemente rico como para comprar su viejo casco, mandaría a incrustar una inscripción en las maderas del alcázar donde estuvimos de pareja en el baile para señalar el lugar donde cayó —arrasado de proa a popa (solía

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