el señor Guppy—, ¿qué me recomendaría sobre la repostería?
—Pudines de tuétano —dice el señor Smallweed al instante.
—¡Eso está bien! —exclama el señor Jobling con una mirada pícara—. ¿Así que estamos en eso, eh? Gracias, señor Guppy, no sé yo si no aceptaré un budín de tuétano.
Presentados tres budines de tuétano, el señor Jobling añade con buen humor que se está haciendo mayor a pasos agigantados. A estos les suceden, por orden del señor Smallweed, «tres porciones de Cheshire», y a estas, «tres rones pequeños».
Al alcanzarse felizmente esta cúspide del banquete, el señor Jobling estira las piernas sobre el asiento alfombrado (ocupando él solo su lado del palco), se recuesta contra la pared y dice: «Ya he crecido, Guppy. He llegado a la madurez».