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nydus/Bleak HousePublic
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XV. Bell Yard

hubiera sido un sultán y su gran visir le hubiera dicho una mañana: «¿Qué requiere el Comandante de los Creyentes de manos de su esclavo?», incluso podría haber llegado a responder: «¡La cabeza de Coavinses!». ¿Pero qué resultó ser el caso? ¡Que, durante todo ese tiempo, le había estado dando empleo a un hombre de lo más meritorio, que había sido un benefactor de Coavinses, que en realidad le había estado permitiendo a Coavinses criar a estos encantadores niños de esta manera tan agradable, desarrollando estas virtudes sociales! ¡A tal punto que su corazón se le acababa de ensanchar y las lágrimas se le habían venido a los ojos cuando había mirado alrededor de la habitación y había pensado: «Yo fui el gran mecenas de Coavinses, ¡y sus pequeñas comodidades fueron obra mía!»!

Había algo tan cautivador en su ligera manera de tocar aquellas cuerdas fantásticas, y era un muchacho tan alegre al lado de la infancia más seria que habíamos conocido, que logró hacer sonreír a mi tutor aun cuando se volvía hacia nosotras tras una breve charla a solas con la señora Blinder.

Besamos a Charley, nos la llevamos abajo con nosotras y nos detuvimos fuera de la casa para verla correr hacia su trabajo. No sé a dónde iba, pero la vimos correr, una criatura tan diminuta, diminuta, con su cofia y su delantal de mujer, a través de un pasadizo cubierto al fondo del patio y fundirse en la lucha y el rumor de la ciudad como una gota de rocío en el océano.

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