necesario con este documento y a recabar las pruebas pertinentes al respecto; y, por supuesto, usted recibirá nuestra habitual notificación de que la causa figura en la lista”.
“A la cual prestaré, por supuesto, mi atención habitual”.
—Todavía empeñado, mi querido señor —dijo Mr. Kenge, conduciéndonos a través de la oficina exterior hacia la puerta—, ¿todavía empeñado, aun con su criterio amplificado, en hacerse eco de un prejuicio popular? Somos una comunidad próspera, Mr. Jarndyce, una comunidad muy próspera. Somos un gran país, Mr. Jarndyce, somos un país muy grande. Este es un gran sistema, Mr. Jarndyce, ¿y desearía usted que un gran país tuviera un sistema pequeño? ¡Vamos, de verdad, de verdad!
Dijo esto en lo alto de la escalera, moviendo suavemente su mano derecha como si fuera una cuchara de albañil de plata con la que esparcir el cemento de sus palabras sobre la estructura del sistema y consolidarlo por los siglos de los siglos.