otro por las terrazas con la mirada muy probablemente tan por encima de sus pensamientos como lo está de la tierra, se detiene de repente al pasar junto a la ventana, al tropezar con dos ojos que se encuentran con los suyos. El techo de su habitación es bastante bajo; y la parte superior de la puerta, que está enfrente de la ventana, es de vidrio. Hay también una puerta interior forrada de bayeta, pero como la noche es cálida no la cerró al subir. Esos ojos que se encuentran con los suyos miran a través del vidrio desde el pasillo exterior. Los conoce bien. La sangre no le ha subido al rostro de un modo tan repentino y encendido en muchos y largos años como al reconocer a Lady Dedlock.
Él entra en la habitación, y ella entra también, cerrando ambas puertas tras de sí. Hay una agitada turbación—¿es miedo o ira?—en sus ojos. En su porte y en todo lo demás luce tal como lucía abajo hace dos horas.