hace usted.
—Eso es sin duda lo que procuro hacer, señor —responde el señor Snagsby.
“No, usted no se hace justicia. No es lo que se esfuerza por hacer —dice el señor Bucket, estrechándole la mano y bendiciéndole de la manera más tierna—, es lo que hace. Eso es lo que yo valoro en un hombre de su ramo”.
El señor Snagsby responde adecuadamente y emprende el camino a casa tan confuso por los acontecimientos de la velada que duda de estar despierto y en la calle; duda de la realidad de las calles por las que camina; duda de la realidad de la luna que brilla sobre él. Pronto se ve tranquilizado respecto a estos temas por la inapelable realidad de la señora Snagsby, quien, con la cabeza convertida en un auténtico panal de papirotes y cofia, lo espera levantada y ha enviado a Guster a la comisaría con la noticia oficial de que a su marido lo han asesinado, y que en las últimas dos horas ha pasado por todas las fases del desmayo con la mayor decencia. Pero, como dice la mujercita con sentimiento, ¡muchas gracias por todo!