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nydus/Bleak HousePublic
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LXVI

cuando se oyen disparos en los plantíos y unos cuantos batidores y guardabosques dispersos esperan en los antiguos lugares de cita a tristes tríos o parejas de primos. El primo debilitado, aún más debilitado por la desolación del lugar, cae en un estado espantoso de depresión, gimiendo bajo los cojines penitenciales del sofá en sus horas sin escopeta y protestando que esta maldita cárcel vieja es pa’ dejar a un tipo⁠—fuera de combate⁠—para siempre.

Las únicas grandes ocasiones para Volumnia en este aspecto mudado del lugar en Lincolnshire son aquellas ocasiones, raras y muy espaciadas, en que hay que hacer algo por el condado o por el país con motivo de honrar un baile público. Entonces, en verdad, la sílfide de escote encajado sale en forma de hada y avanza con alegría, bajo escolta de algún primo, hacia el agotado y viejo salón de baile, a catorce pesadas millas de distancia, el cual, durante trescientos sesenta y cuatro días y noches de cada año ordinario, es una especie de trastero antípoda lleno de viejas sillas y mesas invertidas. ¡Entonces, en verdad, cautiva todos los corazones con su condescendencia, con su vivacidad juvenil y con sus saltitos como en los días en que el horrible viejo general con la boca demasiado llena de dientes no se había cortado uno de ellos a dos guineas cada uno! Entonces gira y se entrelaza, ninfa pastoril de buena familia, a través de los laberintos del baile. Entonces aparecen los galanes con té, con limonada, con sándwiches, con homenaje. Entonces es amable y cruel, majestuosa y modesta, variada, hermosamente testaruda. Existe entonces una singular clase de paralelismo entre ella y las pequeñas lámparas de araña de cristal de otra época que embellecen ese salón de baile, las cuales, con sus tallos escasos, sus menudas gotitas de repuesto,

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