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nydus/Bleak HousePublic
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LIV. Springing a Mine

mira implacablemente al señor Bucket.

—Supongo ahora —responde aquel oficial—, ¿que estará esperando un billete de veinte libras o un regalo por esa cantidad?

La señora Chadband se limita a reírse y le dice con desprecio que puede «ofrecer» veinte peniques.

—Mi amiga, la respetable señora del copista, que está ahí —dice el señor Bucket, atrayendo a la señora Snagsby con el dedo—. ¿Cuál puede ser su juego, señora?

A la señora Snagsby se la impide al principio, mediante lágrimas y lamentaciones, exponer la naturaleza de su juego, pero gradualmente sale a la luz de manera confusa que es una mujer abrumada por agravios e injurias, a quien el señor Snagsby ha engañado, abandonado y procurado mantener en la oscuridad de manera habitual, y cuyo principal consuelo, bajo sus aflicciones, ha sido la simpatía del finado señor Tulkinghorn, quien mostró tanta conminación por ella en una ocasión en que llamó a Cook’s Court en ausencia de su perjuro esposo, que últimamente le ha llevado habitualmente todas sus desdichas.

Todo el mundo, al parecer, con la salvedad de los presentes, ha conspirado contra la paz de la señora Snagsby. Ahí está el señor Guppy, empleado de Kenge y Carboy, que al principio era tan abierto como el sol al mediodía, pero que de repente se cerró a cal y canto como la medianoche, bajo la influencia —sin duda— de las maquinaciones y sobornos del señor Snagsby. Ahí está el señor Weevle, amigo del señor Guppy, que vivía misteriosamente en un callejón debido a causas igualmente coherentes. Estaba Krook, difunto; estaba Nimrod, difunto; y estaba Jo, difunto; y todos ellos «estaban en el ajo». ¿En qué ajo, la señora Snagsby no lo especifica con detalle, pero sabe que

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