atrás, hacia el rincón que tenía detrás.
—Mi intención era señalar, señorita —dijo el señor Guppy—, Dios mío, algo bronquial, creo, ¡ejem!, señalar que usted tuvo la amabilidad en aquella ocasión de rechazar y repudiar tal declaración. Usted... usted tal vez no tendría inconveniente en admitir eso. Aunque no hay testigos presentes, podría ser una satisfacción para... para su espíritu... que hiciera esa admisión.
—No cabe la menor duda —dije—, de que rechacé su propuesta sin reserva ni salvedad de ningún tipo, señor Guppy.
—Gracias, señorita —respondió, midiendo la mesa con sus manos inquietas—. Hasta aquí es satisfactorio, y le honra. ¡Ejem... esto es sin duda bronquial!... debe de estar en los conductos... ejem... ¿no se ofendería tal vez si me atreviera a mencionar... no porque sea necesario, pues su propio buen juicio o el de cualquier persona le tiene que indicar eso... si me atreviera a mencionar que tal declaración de mi parte es definitiva, y ahí termina?