—Su señoría recordará, cuando se lo mencione, que la última vez que estuve aquí me tropecé con un caballero muy eminente en nuestra profesión y cuya pérdida todos lamentamos. Ese caballero ciertamente se dedicó desde entonces a hacerme la competencia de un modo que calificaré de malas artes, y se empeñó, a cada paso y en todo momento, en ponérmelo extremadamente difícil para estar seguro de que no había conducido inadvertidamente a nada contrario a los deseos de la señoría de la señorita Summerson. La autoalabanza no es ninguna recomendación, pero puedo decir por mí mismo que tampoco soy un hombre de negocios tan malo.
Lady Dedlock lo mira con severa interrogación. El señor Guppy retira inmediatamente los ojos de su rostro y mira a cualquier otra parte.
—En verdad, se lo ha puesto a uno tan difícil —continúa él—, formarse una idea de lo que esa parte andaba tramando en connivencia con otros, que, hasta la pérdida que todos lamentamos, me quedé atascado —expresión que su señoría, que se mueve