más de lo estrictamente necesario. Deseo legar mi buen nombre sin mancha, junto con cualquier pequeña propiedad de la que pueda hacerme mediante la industria y la perseverancia, a mis hijas Emma, Jane y Caroline. También deseo vivir en armonía con mis colegas de profesión.
Cuando el señor Skimpole tuvo a bien, caballero —no diré el altísimo bien, pues nunca me rebajo a la adulación— de ponernos en contacto en esta habitación, le mencioné que no podía ofrecerle ninguna opinión ni consejo respecto a sus intereses mientras dichos intereses estuvieran encomendados a otro miembro de la profesión. Y hablé en los términos en que estaba obligado a hablar de la firma de Kenge y Carboy, que goza de gran prestigio. Usted, caballero, consideró oportuno, no obstante, retirar sus intereses de dicha custodia y ofrecérmelos a mí. Los trajo con manos limpias, caballero, y yo los acepté con manos limpias. Esos intereses son ahora prioritarios en este despacho.