órdenes no llegan a tanto —responde el alguacil—. Mis órdenes son que este muchacho tiene que continuar su marcha.
¿Oyes, Jo? Para ti ni para nadie significa nada que las grandes lumbreras del cielo parlamentario hayan omitido durante unos cuantos años daros el ejemplo en este asunto de marchar adelante. La única gran receta sigue siendo para ti —la profunda prescripción filosófica— el alfa y el omega de tu extraña existencia sobre la tierra. ¡Marcha adelante! De ningún modo debes marcharte, Jo, pues las grandes lumbreras no logran ponerse de acuerdo en absoluto sobre eso. ¡Marcha adelante!
El señor Snagsby no dice nada al respecto, de hecho no dice absolutamente nada, sino que tose su tos más desolada, expresiva de que no hay salida en ninguna dirección.
Para entonces, el señor y la señora Chadband y la señora Snagsby, al oír la discusión, han aparecido en la escalera. Como Guster no se ha apartado del fondo del pasillo, toda la servidumbre está reunida.