aquí le propuso a la señora Bucket, tras la marcha del entierro, que fuesen en autobús un trecho al campo y tomasen el té en una casa de recreo muy decente. Ahora bien, cerca de esa casa de recreo hay una extensión de agua. Tomando el té, mi prisionero se levantó a buscar su pañuelo de bolsillo al dormitorio donde estaban los sombreros; tardó bastante en volver y regresó un poco sin aliento. En cuanto volvieron, la señora Bucket me informó de esto, junto con sus observaciones y sospechas. Hice dragar la extensión de agua a la luz de la luna, en presencia de un par de nuestros hombres, y la pistola de bolsillo salió a flote antes de que llevase allí media docena de horas.
Ahora, querida, pasa el brazo un poco más por el mío, sujétalo bien, ¡y no te haré daño!