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nydus/Bleak HousePublic
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LX

«Eso poco puede hacer por una mente infeliz», dije yo.

—Así es —dijo el señor Vholes.

Tan lento, tan ávido, tan desangrado y demacrado, sentía como si Richard se estuviera consumiendo bajo la mirada de este consejero y hubiera algo de vampiro en él.

—Señorita Summerson —dijo el señor Vholes, frotándose muy despacio las manos enguantadas, como si, para su frío sentido del tacto, le diera casi lo mismo llevar cabritilla negra que ir sin ella—, este fue un matrimonio poco acertado por parte del señor C.

Le rogué que me disculpara de hablar de ello.

Estaban comprometidos desde muy jóvenes, le dije (un tanto indignada), y cuando el porvenir que se abría ante ellos era mucho más hermoso y brillante. Cuando Richard no se había entregado a la infeliz influencia que ahora oscurecía su vida.

—Así es —asintió el señor Vholes de nuevo—. Aun así, con el fin de que todo se lleve a cabo con total transparencia, le haré saber, con su permiso, señorita Summerson, que considero este matrimonio un acto muy poco prudente. Debo esta opinión no solo a los allegados del señor C., frente a los cuales es natural que deba protegerme, sino también a mi propia reputación: muy querida para mí como profesional que aspira a mantenerse respetable; muy querida para mis tres hijas en casa, para quienes me esfuerzo por asegurar una pequeña independencia; muy querida, me atreveré a decir, para mi anciano padre, a quien tengo el privilegio de mantener.

—Sería un matrimonio muy diferente, un matrimonio mucho más feliz y mejor, otro matrimonio por completo, míster Vholes —dije—, si se persuadiera a Richard de dar la espalda a la funesta empresa en la que usted le acompaña.

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