despreciadas, sita y ubicada a la sombra del muro de Lincoln’s Inn, regenteada, según anuncia una pintada para conocimiento de los interesados, por un tal Krook.
“Aquí es donde vive, señor”, dice el copista.
—Aquí es donde vive, ¿no es así? —dice el abogado con indiferencia—. Gracias.
—¿No va a entrar, señor?
—No, gracias, no; voy hacia los Campos por ahora. ¡Buenas tardes! ¡Gracias!
El señor Snagsby se quita el sombrero y regresa con su mujercita y su té.
Pero el señor Tulkinghorn no se dirige a los Campos por el momento. Avanza un corto trecho, da media vuelta, regresa a la tienda del señor Krook y entra en ella directamente.
Está bastante oscura, con un par de velas de mecha mazacotuda en los escaparates y un viejo y un gato sentados en la parte trasera junto a una lumbre. El viejo se levanta y se acerca con otra vela de mecha mazacotuda en la mano.