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nydus/Bleak HousePublic
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XX. Un nuevo huésped

Replicando el señor Guppy que no es gran cosa de la que presumir, el señor Jobling se aventura con la pregunta: «¿Cómo está ella?». Esto el señor Guppy lo toma a mal por considerarlo una confidencia, y retruca: «Jobling, hay cuerdas en la mente humana...». Jobling pide disculpas.

—¡Cualquier tema menos ese! —dice el señor Guppy con un sombrío deleite en su agravio—. Porque hay cuerdas, Jobling…

El señor Jobling pide perdón otra vez.

Durante este breve coloquio, el activo Smallweed, que forma parte de la comitiva de la cena, ha escrito con trazos notariales en un trozo de papel: «Regresen inmediatamente».

Este aviso para todos los interesados lo introduce en el buzón y luego, colocándose el sombrero de copa en el ángulo de inclinación en que el señor Guppy lleva el suyo, informa a su patrón de que ya pueden esfumarse.

En consecuencia, se dirigen a un figón vecino, de los que sus habituales denominan «chispún», donde la camarera, una lozana hembra de cuarenta años, se supone que ha causado cierta impresión en el susceptible Smallweed, de quien cabe señalar que es un estrambótico trocambel para el que los años no cuentan. Se mantiene prematuramente provisto de siglos de sabiduría buida. Si alguna vez yacio en una cuna, parece como si tuviera que haberlo hecho con levita. Tiene un ojo viejísimo, el tal Smallweed; y bebe y fuma de un modo simiesco; y tiene el cuello rígido dentro del armiño; y a él no se la da nadie con queso; y lo sabe todo sobre el asunto, sea cual fuere. En suma, en su crianza ha sido tan mimado por la Ley y la Equidad que se ha convertido en una especie de diablillo fósil para explicar cuya existencia terrenal se rumorea en las oficinas públicas que su padre fue

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