vestirse y se reunirá con el señor Bucket en la biblioteca en diez minutos, por lo que el señor Bucket se dirige a dicha estancia y se planta ante la chimenea con el dedo en la barbilla, contemplando las ardientes ascuas.
Pensativo es el señor Bucket, como puede serlo un hombre con una ardua labor por delante, pero sereno, seguro, confiado. Por la expresión de su rostro, bien podría ser un famoso jugador de whist jugándose una fuerte suma —digamos cien guineas fijas— con la partida en el bolsillo, pero con una gran reputación en juego al tener que jugar sus cartas hasta la última con maestría. Ni lo más mínimo ansioso ni turbado se muestra el señor Bucket cuando hace su aparición sir Leicester, sino que observa de reojo al baronet mientras este se acerca lentamente a su sillón de orejas con