Un caso de apelación
Tan pronto como Richard y yo hubimos mantenido la conversación de la que he dado cuenta, Richard comunicó el estado de su ánimo al señor Jarndyce. Dudo que a mi tutor le tomara por completo por sorpresa recibir aquella exposición, aunque le causó gran inquietud y desengaño. Él y Richard se encerraban a menudo juntos, tarde por la noche y temprano por la mañana, y pasaban días enteros en Londres, y tenían innumerables citas con el señor Kenge, y bregaban con un montón de asuntos desagradables. Mientras estaban así ocupados, mi tutor, aunque sufría considerables molestias por el estado del viento y se frotaba la cabeza tan constantemente que ni un solo cabello de ella reposaba jamás en su sitio correcto, se mostraba tan afable con Ada y conmigo como en cualquier otro momento, pero mantenía una firme