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nydus/Bleak HousePublic
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LXII

“El señor Jarndyce no puede hablar más claro que eso, ya lo comprende usted —observó el señor Bucket a su compañero de visita—. Y, una vez aclarado para usted que nadie va a sufrir ninguna injusticia, lo cual debe ser un gran alivio para su espíritu, podemos proceder a la ceremonia de llevarla a casa en silla de manos”.

Descorrió el cerrojo, llamó a los porteadores, nos deseó los buenos días y, con una mirada llena de significado y un gesto de despedida con el dedo, se marchó por su camino.

Nosotros seguimos también nuestro camino, que era el de Lincoln’s Inn, con la mayor rapidez posible.

El señor Kenge estaba desocupado, y lo encontramos en su mesa, en su polvorienta habitación, rodeado de libros de aspecto inexpresivo y montones de papeles.

Una vez que el señor Guppy nos hubo colocado unas sillas, el señor Kenge manifestó la sorpresa y la satisfacción que le producía la insólita visión del señor Jarndyce en su despacho. Se dio la vuelta a sus lentes dobles mientras hablaba y se mostró más Kenge el Conversador que nunca.

—Espero —dijo el señor Kenge— que la benéfica influencia de la señorita Summerson —hizo una reverencia hacia mí— haya inducido al señor Jarndyce —hizo una reverencia hacia él— a deponer un tanto de su animadversión hacia una causa y hacia un tribunal que ocupan... ¿he de decir que ocupan su lugar en la majestuosa perspectiva de las columnas de nuestra profesión?

—Tengo la inclinación a pensar —respondió mi tutor—, que la señorita Summerson ha visto demasiado de los efectos del tribunal y de la causa como para ejercer influencia alguna a su favor. Sin embargo, forman parte del motivo por el cual me encuentro aquí. Señor Kenge, antes de colocar

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