En vela
Ha dejado de llover por fin en Lincolnshire, y Chesney Wold ha recuperado la alegría.
La señora Rouncewell está llena de cuidados hospitalarios, pues Sir Leicester y mi Lady regresan de París.
La sección de sociedad se ha enterado y comunica la feliz noticia a la ignorante Inglaterra. También ha descubierto que recibirán a un círculo brillante y distinguido de lo mejor del beau monde (la sección de sociedad anda floja en inglés, pero es un gigante renovado en francés) en la antigua y hospitalaria residencia familiar de Lincolnshire.
Para mayor honor del brillante y distinguido círculo, y de paso de Chesney Wold, el arco roto del puente del parque ha sido reparado; y el agua, retirada ahora a sus justos límites y de nuevo cruzada con gracia, figura en la perspectiva desde la casa.
El sol claro y frío brilla en los bosques quebradizos y contempla con aprobación cómo el viento agudo dispersa las hojas y seca el musgo. Se desliza por el parque tras las sombras movedizas de las nubes, y las persigue, y nunca las alcanza, en todo el día.
Se asoma a las ventanas y toca los retratos ancestrales con franjas y manchas de brillo jamás contempladas por los pintores. A través del cuadro de mi Lady, sobre la gran chimenea, arroja una amplia banda siniestra de luz que desciende torcida hacia el hogar y parece desgarrarlo.
A través del mismo sol frío y el mismo viento cortante, mi Lady y sir Leicester, en su carruaje de viaje (la doncella de mi Lady y el sirviente de